Lozoya, mucho más que la trama Odebrecht

Este caso ha tenido costos altísimos en todos los países de la región, porque en todos se han pagado sobornos para que la empresa brasileña, la mayor beneficiaria de contratos durante la época de Luiz Inácio Lula da Silva, obtuviera todo tipo de obras

La detención de Emilio Lozoya en España es un momento clave para determinar la red de corrupción que durante su gestión se generó en Petróleos Mexicanos. Pero el caso va mucho más allá, porque el involucramiento de Lozoya en la trama Odebrecht lo hace parte de un caso de corrupción internacional y, además, podría estar asociado con el presunto financiamiento ilegal de la campaña de Enrique Peña Nieto en los comicios de 2012.

Ya en agosto del 2017, escribimos aquí (porque después desde la mañanera se falsea la realidad y se dice que nadie hablaba de la corrupción en los medios) que la información, publicada originalmente por el periódico O Globo, de Brasil, sobre los supuestos sobornos por diez millones de dólares pagados a Emilio Lozoya, poco antes de que fuera designado director de Pemex y durante su gestión en esa empresa, era una denuncia que no podía ni debía ser desechada porque el exfuncionario simplemente dijera que era falsa.

Las acusaciones originales fueron realizadas por quien era el director de Odebrecht en México, y podría ser que, actuando como testigo protegido, ese y otros funcionarios de Odebrecht Brasil hubieran hecho denuncias falsas o alejadas de la verdad. Pero lo cierto es que la investigación que ha realizado la Unidad de Inteligencia Financiera (además de la información que dejó en su momento el exprocurador Raúl Cervantes, que nunca se hizo pública y que llevó a éste a su renuncia) no sólo ha develado la trama central de ese mecanismo de corrupción, sino también muchos otros en las que se involucran casos de robo de hidrocarburos, empresas fantasma, astilleros y otras empresas españolas, familiares del propio Lozoya: la trama es tan densa que, incluso, es difícil navegar por ella, ante la cantidad de información contenida.

El caso Odebrecht, donde comenzó todo, ha tenido costos altísimos en todos los países de la región, porque en todos se han pagado sobornos para que la empresa brasileña, la mayor beneficiaria de contratos durante la época de Luiz Inácio Lula da Silva, obtuviera todo tipo de obras. Han caído presidentes, se suicidó Alan García, decenas de políticos han terminado en la cárcel, incluyendo a Lula da Silva, y provocó, entre otras, la renuncia de Dilma Rousseff a la presidencia de Brasil. No siempre se actuó legítimamente, pero lo comprobado es tal la magnitud que resulta imposible de ocultar o justificar.

En el caso de Lozoya, la investigación tiene un componente adicional: parte del soborno, dicen en Brasil, se pagó antes de las elecciones del 2012. Eso hubiera exigido que la investigación penal en México hubiera quedado desahogada, como publicamos en agosto del 2017, antes de las elecciones del 2018. Nada de eso se hizo. Cuando Santiago Nieto, aunque en ese momento equivocó las formas, probablemente por el acoso personal y familiar que ahora sabemos sufrió, tampoco pudo avanzar con esa investigación desde la Fepade, a la que debió renunciar.

​Pero la corrupción trascendió el caso Odebrecht. Lozoya fue un pésimo director de Pemex y muchas de las principales operaciones que se realizaron durante su gestión son sospechosamente malas, con costos financieros inadmisibles para la empresa. ​Hubo negocios incomprensibles y cerrados al ojo público. En enero de 2014, Lozoya decidió que Pemex comprara Agro Nitrogenados (que había sido privatizada en 1990 en la friolera de 475 millones de dólares a Altos Hornos de México a pesar de que estaba prácticamente cerrada).

Al mismo tiempo que se hacían los negocios de fertilizantes, se produjo el caso de Oceanografía. Amado Yáñez, su propietario, efectivamente había realizado un fraude financiero, pero la intención de Lozoya, ante ello, fue la de quedarse con la empresa, la principal contratista de Pemex, asociada a su vez con muchos otros contratistas privados, ofreciéndola a distintos empresarios que terminaron distanciándose de ese negocio y provocando un daño enorme al sector, más allá de los delitos que hubiera cometido Yáñez.

​Incluso, en plena caída de Oceanografía, Lozoya se reunió con uno de los acreedores, los del banco holandés Rabo Bank, para tratar de forzarles a entregar la flota que habían rentado a Oceanografía. Tuvo que intervenir directamente el gobierno holandés ante Los Pinos para evitar que se obligara a esa empresa a entregar su flota. Esa historia la contamos aquí hace más de cinco años.

​Lo que ha ocurrido con Pemex durante la gestión de Lozoya es objeto de una profunda investigación y si se encuentran delitos deben ser castigados. Pero la atención no debe ponerse sólo en el caso Odebrecht. Hay otros, como los citados sobre Oceanografía y Agro Nitrogenados, en los que también debe ser indagada su responsabilidad, recordando, además, que la negligencia o la complicidad es también una forma de corrupción.

Add a Comment