¿Los gobernadores ganan elecciones?

Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río

24 de Abril de 2018

La estrategia electoral más reciente de los partidos que cuentan con gobernadores entre sus filas ha sido mostrar el apoyo de éstos hacia sus respectivos candidatos presidenciales.

Todo comenzó el fin de semana pasado con el reclutamiento, por parte del equipo de José Antonio Meade, del gobernador de Michoacán, el perredista Silvano Aureoles Conejo.

Este hecho se dio en un doble contexto: primero, las especulaciones en torno de que Meade tenía amistad con varios gobernadores surgidos del PAN o de la alianza PAN-PRD y que éstos, ya fuera de manera abierta o discreta, operarían para apoyarlo a él y no al aspirante presidencial de la coalición Por México al Frente, Ricardo Anaya.

Se hablaba específicamente de los mandatarios estatales de Querétaro, Francisco Domínguez; de Baja California Sur, Carlos Mendoza Davis; de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, y de Durango, José Rosas Aispuro.

El otro contexto del alineamiento electoral de los gobernadores fue la cercanía del primer debate de candidatos presidenciales, que se realizó el domingo.

La víspera, se dio a conocer el apoyo de Aureoles a Meade. Casi simultáneamente –con menos de 12 horas de diferencia– los gobernadores de Tamaulipas, Aguascalientes, Nayarit, Veracruz, Guanajuato y Querétaro anunciaron por Twitter su fidelidad con las aspiraciones presidenciales de Anaya.

“Algunos intentan confundir por mi amistad con Meade”, advirtió en su tuit el queretano Pancho Domínguez. Y agregó: “Pero lo digo así de claro: Por mi lealtad y amor a México, y al PAN, ¡todo mi apoyo y convicción con Ricardo Anaya!”.

Ese apoyo simultáneo de los seis gobernadores –de 12 que tiene el PAN, por cuenta propia o en alianza– puso de manifiesto que algunos no habían hecho una declaración similar.

Fuera de los seis mencionados y de Javier Corral, el gobernador de Chihuahua –que aparece en uno de los spots de Anaya–, el apoyo del resto no está tan claro: el poblano Antonio Gali, el quintanarroense Carlos Joaquín, el sudcaliforniano Carlos Mendoza, el duranguense José Rosas Aispuro y el bajacaliforniano Francisco Vega de Lamadrid.

Es más, este último declaró el mes pasado en Mexicali que el partido y el candidato debían entender que los gobernadores están dedicados a gobernar y que, por ello, están más allá del tema político electoral.

En resumidas cuentas, cinco de los mandatarios estatales surgidos del PAN o que triunfaron gracias al PAN se han abstenido de apoyar a Anaya.

En cambio, los del PRI cerraron filas. Los 14 mandatarios estatales que tienen esa filiación publicaron ayer un desplegado –junto con el mandatario estatal de Chiapas, Manuel Velasco, surgido del Partido Verde– para manifestar su respaldo a José Antonio Meade.

Cabe preguntar aquí qué tan efectivos han sido los gobernadores en ganar elecciones para el candidato presidencial de su partido.

La respuesta es que de un total de 96 gobiernos estatales que han estado en funciones durante los comicios presidenciales de 2000, 2006 y 2012, sólo 45, menos de la mitad, han podido presumir que en sus respectivas entidades triunfó el candidato del partido del que ellos mismos surgieron.

Y aunque los gobernadores de sello priista son los que han ganado el mayor número de elecciones presidenciales, con 23, su marca en ese terreno es la peor entre las fuerzas políticas que han tenido gubernaturas, pues han perdido 36 veces.

En cambio, los gobernadores surgidos del PAN y el PRD, con menos triunfos en su haber, tienen un mejor palmarés.

Los mandatarios estatales panistas han ganado 14 y han perdido ocho, mientras que los perredistas han ganado ocho y han perdido cuatro.

El apoyo explícito a Ricardo Anaya por parte de siete (de 12) gobernadores surgidos del PAN y dos más surgidos del PRD (Tabasco y Morelos), ¿garantiza el triunfo del candidato del Frente en esos estados?

Al igual que en el caso de las entidades cuyos gobernadores han jurado lealtad a Meade, es probable que no. La estadística muestra que más de la mitad de ellos no podrá cumplir la misión.

De entrada, porque parece un hecho que Andrés Manuel López Obrador ganará varios estados. Y eso que Morena no tiene un solo gobernador.

También, porque esta vez nueve mandatarios estatales estarán preocupados por su propia sucesión, quizá más que por la elección presidencial. Así que antes de irse con la finta de lo que representa un gobernador en capacidad de cosecha de votos, hay que revisar los antecedentes.