Ofensiva política evangélica (1)

Contrapunto político

Enrique Villarreal Ramos

 

El crecimiento de las iglesias protestantes o evangélicas en América Latina, en las últimas décadas, ha sido tan explosivo que ya no puede ser catalogada como eminentemente católica. Según un estudio del Pew Research Center (2014), en la región: los católicos representan el 69% de la población (hasta 1970 representaban el 90%); uno de cada cinco es protestante; Honduras y Guatemala son los países con más protestantes, 41%, Nicaragua, 40%, El Salvador, 36% y Brasil, 30%. En Estados Unidos, el 22% de los hispanos es protestante.

De la investigación, llama la atención que: en temas como defensa de la vida y la familia, los métodos anticonceptivos, el sexo fuera del matrimonio, el divorcio y beber alcohol, los católicos son menos conservadores que los protestantes; el 58% de los excatólicos cambió porque “su nueva iglesia se acercó a ellos” (el activismo evangélico es cinco veces mayor al católico), o dado que buscaban “una conexión más personal con Dios”; los protestantes son más practicantes que los católicos, un 83% y un 62%, respectivamente, acude al menos a la iglesia una vez al mes…

Así, lejos de las explicaciones reduccionistas de que la fuerte penetración evangélica se debe al “neocolonialismo” o al “neoliberalismo”, el éxito, por ejemplo, de las iglesias neopentecostales (tres cuartas partes de los evangélicos latinoamericanos pertenecen a ellas) se debe a su credo y las peculiaridades de su evangelización, al poder que han acumulado, y a lo que ha dejado de hacer el catolicismo. Este tipo de iglesias (que son miles, con 100 millones de creyentes) comparten: una fe mesiánica, muy ad hoc para quienes han sido desatendidos material y espiritualmente y que esperan un Salvador; un credo conservador (partidario de los “valores familiares”, y contrario, por ejemplo, al aborto, a la “ideología de género”, al matrimonio igualitario), que se enraíza en los prejuicios populares y es transmitido por pastores carismáticos con gran capacidad oratoria.

Sin embargo, esta eficacia evangelizadora sería incomprensible, sino es porque estas iglesias poseen enorme poder mediático, económico y político. En Brasil, las iglesias evangelistas movilizaron 7 mil millones de dólares (2015). La Iglesia Universal del Reino de Dios (la tercera del país, con 22 millones de fieles) es encabezada por el pastor Edir Macedo (entre los hombres más ricos del mundo según Forbes), maneja millones de dólares gracias a las aportaciones obligatorias de sus feligreses, y su holding empresarial, integrado por TV Record, estaciones de radio, bancos, periódicos, etcétera. Este poder económico le permite una creciente influencia política: tiene su propio partido, bancadas parlamentarias, ministros, alcaldes como el de Río de Janeiro, Marcelo Crivella, y sobre asuntos decisivos para Brasil. Así, Eduardo Cunha, diputado evangélico y presidente del congreso, encabezó el impeachment contra Dilma Rousseff

No sólo en el gigante sudamericano los evangelistas tienen creciente poder económico y político. En Guatemala, ya tienen a su presidente, Jimmy Morales. En Colombia, donde se presenta el mayor éxodo del catolicismo al protestantismo (74%), los evangélicos tiene reportados activos por cinco mil millones de dólares, y en el plebiscito del 2016 sobre los acuerdos de Paz, 10 millones de neopentecostales contribuyeron a su rechazo. En Costa Rica, el pastor Fabricio Alvarado triunfó en la primera vuelta electoral (y es favorito para ganar), y en México los evangélicos ya tienen partido, y candidato a la Presidencia, a ya Chávez quién.

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                Twitter: @evillarrealr

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